miércoles, 29 de octubre de 2014

‘Leandro, el último juglar’


Este lunes festivo en el horario de las 3:00 de la tarde y 10:00 de la noche, el canal Señal Colombia estrena Leandro, el último juglar, una pieza documental que reconstruye a partir de las memorias de amigos, familiares y expertos la vida y obra de Leandro Díaz.  Es también un recorrido por la geografía de la Costa Caribe y particularmente los lugares que inspiraron sus canciones. Uno de los grandes aciertos del documental es la participación de dos actores naturales ciegos, que lo representan en su niñez y adolescencia. 

Bogotá.
“Nací ciego, me crié ciego y toda mi vida he sido ciego. Pude ser compositor, llevar mis canciones hacia el mundo, por eso quiero dejarles a mis amigos algo de mi historia, parte de toda mi vida, dejarles este recuerdo después que yo me muera”: Leandro José Díaz Duarte.
 Fue uno de los deseos del maestro Leandro Díaz, uno de los más grandes representantes del género vallenato en Colombia, un compositor como ninguno, no sólo por su condición de discapacidad visual y su falta de estudios formales, como por lo que representa para las generaciones tradicionales y actuales del vallenato, este juglar.
 Los encargados de cumplirle el deseo de contar su historia no son sus hijos y nietos, aunque algunos siguen sus pasos, tampoco lo son documentalistas de la región, aunque talento en esta área es lo que sobra en la costa norte colombiana. La tarea, o mejor el gusto, quedó en manos de Señal Colombia y un equipo de producción encabezado por dos “cachacos”: Alejandro Vargas Corredor y Eduardo Muñoz Gómez, director y productor respectivamente.  Junto a ellos el sonidista Carlos Andrés Cantor y el productor de campo José Luis Rodríguez.
 Leandro, el último juglar es el nombre del documental que se emitirá el domingo 3 de noviembre, a las 3:00 de la tarde y 10:00 de la noche en la pantalla del canal público, luego de ser presentado “en sociedad”, un par de semanas antes, en la Tarima Escolástico Romero, en Villanueva (Guajira) en el marco del Festival Cuna de Acordeones y ante los más experimentados críticos.
 “Este documental llega en un excelente momento porque la herencia musical de Leandro Díaz pasará a ser patrimonio cultural de la Nación por un Proyecto de Ley que está a la espera de la sanción presidencial, así que es importante que los colombianos, los más jóvenes, puedan conocer a través de este documental de Señal Colombia quién fue mi padre y los aportes que hizo a la música vallenata”, asegura el compositor e intérprete Ivo Díaz.
 Sobre el contenido del documental hay que destacar que tiene una duración de una hora y que se apoya en las memorias y testimonios de sus familiares, entre los que se cuenta su hijo Ivo Díaz; expertos como Jaime Maestre, Alfredo Gutiérrez, Julio Oñate, Celso Guerra, Gustavo Gutiérrez, Juan Emiro Araujo, Isaac Carrillo, Wilber Mendoza y amigos como Beto Murgas y Thomas Cuadrado. Tampoco podía faltar su gran musa, Matilde Lina.  
 El director Alejandro Vargas Corredor y el productor Eduardo Muñoz Gómez, decidieron incluir, además de los testimonios, una puesta en escena para recrear la niñez y la adolescencia de Leandro Díaz para lo que hicieron un casting con jóvenes de la región, resultando elegidos Juan David Atencia y el niño Ricardo Lemus. Como dato especial ambos son ciegos y Juan David, al igual que Leandro toca la dulzaina y tiene una capacidad innata para versear.  
 “Ambos tienen características físicas similares con Leandro. Juan David es huérfano y vivía en una finca donde les cantaba a los trabajadores que eran su única familia. Estudia en la escuela del Turco Gil. Ricardo por su parte llegó a nosotros el último día de preproducción y a través de Juan David porque son amigos y estudian en la misma escuela”, explica el director.
 “Con Juan David todo se nos dio, porque tiene hasta la disposición para el canto, pero teníamos un hueco narrativo con la niñez de Leandro por eso habíamos pensado buscar al actor en una fundación de niños ciegos en Bogotá, pero finalmente encontramos a Ricardo, aunque no pudimos verlo en acción, así que nos quedamos con la incertidumbre hasta que llegamos a rodar. Es muy especial y en la pantalla es sencillamente él mismo, con su hiperactividad, mientras acaricia al burro o espanta a las gallinas a las que les tiene fobia”, explica el productor.  
 El resultado con los actores naturales fue completamente satisfactorio, no sólo para el equipo de producción sino también para la familia que cree que el documental logra retratar el alma de Leandro, sus motivaciones, su forma de ver la vida y sus grandes capacidades como compositor e intérprete. De ahí la importancia que destaca Ivo Díaz, su hijo y quien siguió sus pasos en la música:
 “Este documental va a ayudar a que las nuevas generaciones, que tienen tanta información o desinformación sobre sus raíces musicales, conozcan a Leandro Díaz, quien de por sí tiene una historia con algo de fantasía por su condición de hombre ciego, pero conocerán al hombre real que está presente en la mente de quienes lo conocieron personalmente o a través de su música y quienes no lo ‘saborearon’ van a quedar muy satisfechos con Leandro, el último juglar”.
 

Leandro Díaz con sabor cundiboyacense
 Los productores del documental ‘Leandro, el último juglar’ de Señal Colombia que se emitirá el lunes festivo 3 de noviembre hablan de lo que significó para ellos, nacidos en el altiplano cundiboyacense, hacer este homenaje a quien consideran el último juglar vallenato, un ritmo musical que ellos sienten como propio. 
Alejandro el director es bogotano, de familia boyacense con raíces campesinas que derivaban su sustento del cultivo de caña para la fabricación de panela, en su casa se escuchaba la música de Diomedes Díaz. Eduardo el productor, es de Machetá municipio de Cundinamarca y en su casa siempre los planes de domingo se amenizaban con las canciones de Rafael Orozco. 
Alejandro Vargas Corredor tiene 33 años y conoció a Leandro Díaz cuando hacía parte del equipo de Los Puros Criollos y preparaban un capítulo sobre el vallenato. Eduardo Muñoz Gómez tiene 28 años y no pudo conocer a Leandro en vida, pero lo hizo a través de Alejo y de todos aquellos familiares, amigos y expertos que participan en el documental que juntos prepararon para Señal Colombia.
Se conocen desde la época de estudiantes y llevan trabajando juntos varios años, la química y complemento laboral es perceptible. Los une el gusto por la producción de cine y televisión, por el vallenato y por conocer las raíces de la música con la que crecieron, fue entonces cuando nació la idea de hacer este documental sobre Leandro.
 “Hay que aclarar que aquí el experto –parece Wikipedia– es Alejandro, tiene una memoria tan prodigiosa como el mismo Leandro. Yo sólo tenía el gusto por el vallenato, me lo gozaba y me emparrandaba y mis referencias sólo era de los grandes  artistas”, arranca por explicar Eduardo (EM).
 A lo que Alejandro (AV) agrega: “Yo lo conocí mientras hacíamos con él un programa de Los Puros Criollos sobre el vallenato, tuvimos que esperar ocho días para hacer la entrevista porque estaba delicado de salud. Me llamó mucho la atención que su hijo Ivo tenía que ayudarlo a caminar pero en cuanto llegó al Río Guatapurí se transformó, era como si su fuerza dependiera de la naturaleza”.
 También fue un choque para Alejandro que mientras se alistaban para grabar y buscando romper el hielo le preguntó cómo podía describir con tanta precisión en sus versos la naturaleza cuando nunca había visto el río, los árboles o el cielo.
 “Me dijo que gracias a la imaginación podía decirme que yo estaba debajo de un árbol de tales características y hasta cuál era el nivel del río. Otro momento bellísimo fue cuando nos cantó La diosa coronada. Era estar frente a un personaje fuera de lo común, con una belleza y una sabiduría que lo sacudía a uno. Ahí nace mi interés por el documental”.

¿Qué tan difícil fue la investigación para sacar adelante el documental?
AV: La idea nació en el 2008, no había mucha información escrita, sólo artículos en periódicos y revistas, pero no investigaciones o biografía. Empezamos entonces a indagar como eran los juglares y a contactar a los amigos y otras personas de la zona para que nos contaran anécdotas sobre su vida personal y artística.

EM: Encontramos muchas historias valiosas de todo tipo, como la de Medina, el burro que lo llevaba a todas partes y que también aparece en nuestro documental, también hubo casting para él o su fama de clarividente porque podía adivinar cuando llovería o como tenían el corazón las jovencitas con sólo tocarles la mano. 

¿Qué fue lo que más los enamoró del proyecto?
AV: Saber qué más allá de todo su talento como compositor, de todas las cosas maravillosas que hizo en vida, Leandro tenía la capacidad para sobreponerse y superar la adversidad. En mi opinión es el más grande que ha tenido el vallenato.

EM: Que Leandro es la más clara representación del origen provinciano del vallenato, una institución que nace del pueblo y que él con su origen humilde, en un municipio alejado de todo, sin posibilidad de acceder a la educación y ciego, se haya convertido en una figura tan importante. Lo hizo con los ojos del alma y la imaginación y eso lo da más grandeza.  

¿Cómo fueron los primeros acercamientos con la familia y amigos?
AV: Después del capítulo de Los Puros Criollos me volví lambón y grupie, ocasionalmente le mandaba mensajes de texto a Ivo para que se los leyera a Leandro y así mantener la cercanía lograda. 

EM: Quisimos hacer el documental cuando aún Leandro estaba vivo, pero fue imposible y fue precisamente su muerte la que permitió que se dieran los recursos para hacerlo. La familia, los amigos y los expertos  tuvieron la mejor disposición.

¿Por qué optaron por usar actores para representar a Leandro en su niñez y adolescencia?
AV: No hay imágenes de él en esas etapas de su vida, que son los años en los que afina sus otros sentidos y eso era un hueco para la narración, además el discurso audiovisual te acerca más con la imagen.

EM: Las grabaciones con Ricardo –Leandro niño– fueron las más complejas. Es hiperactivo y cuando le decíamos que tenía que caminar daba unos pasos y decía “listo”, porque no conoce de tiempos para TV, lo hacía a su manera. En la pantalla es él, descubriendo el espacio donde estaba, explorando el entorno que era la locación de la supuesta casa donde creció Leandro, escuchando los pájaros, reconociendo al burro con sus manos. El resultado de su participación es hermoso y lo obtuvimos haciendo silencio y dejándolo ser. 

¿Cómo se llegan a seleccionar esos puntos clave a contar en el documental de una vida tan fructífera en lo musical y en lo personal como fue la de Leandro Díaz?
AV: Tuvimos algo clave y fue saber cuál era el hombre que queríamos mostrar. Las biografías o retratos a veces hacen sentir que el personaje es fabricado, le quitan toda la atmósfera con la que uno como seguidor lo adorna. Le quita la magia y toda esa fuerza. Lo digo con respeto a los canales, no queríamos endiosarlo. No se trataba de cifras de discos o de éxitos. El documental muestra al niño, al joven, al adulto, al viejo pero desde sus diferentes aspectos como hombre de familia, padre, abuelo, amigo, parrandero.

EM: Queríamos mostrarlo como un hombre terrenal, que no enamora por lástima, sino por lo que era, que no peleó con su condición de hombre ciego y que fue feliz. Lo sorprendente fue como estructuró sus capacidades y su vida, la dignificó, la hizo válida. Cumplimos una pretensión enorme: Leandro es un homenaje a la vida, por eso sólo se habla de su muerte cuando su hijo Ivo lo menciona 40 segundos antes de terminar el documental.

¿Cuáles fueron los principales escenarios donde se grabó?
AV: Río Badillo, Río Guatapurí, Río Tocaimo, Río Seco, la ciudad de Valledupar, el corregimiento de Tocaimo, San Diego, Hatonuevo, Barrancas, Lagunita de la Sierra, Codazzi, la hacienda Los Pajares y algunas locaciones con casas de barro y bahareque.

¿Son conscientes de que también están ‘vendiendo’ toda una región con esos escenarios naturales? ¿Fue completamente intencional?
EM: Sí, lo fue. La naturaleza y particularmente esos paisajes tienen un importante peso en la historia de Leandro, fueron determinantes en los andares de su vida. Hay un plano en el que se ven pasar unos indígenas y con eso estamos mostrando que somos un país con mucha diversidad de razas. Esos contrastes desérticos y verdes en la Costa son innegables y visualmente muy atractivos, por eso había que mostrarlos.

¿Cuáles son sus canciones vallenatas preferidas?
AV: ¡Uff  muy berraco!, todas las de Gustavo Gutiérrez Maestre, entre esas Sin medir distancias y Te quiero porque te quiero,  versión de Los Kankuis; Alicia Adorada  de Juancho Polo; Dios no me deja de Leandro Díaz; ¡Ay la vida!, de Marciano Martínez e interpretada por Diomedes…


EM: Sin medir distancias, por su tono provinciano; Noche sin lucero, de Rosendo Romero y una que descubrí durante el documental: El Provinciano, de Leandro Díaz.


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